11 Junio 2009 / 7 comentarios » / por admin
Como bien discutíamos Volga y yo hace meses, cada vez se hace mas pesado escribir una entrada de blog decente cuando existen varios canales -Facebook, Twitter- que facilitan la comunicación con tu entorno. Pasan las semanas y observas como la fecha de actualización pasa de días a semanas y de semanas a meses. Tengo un borrador sobre Michael Caine y otro sobre Antonio Vega, pero falta tiempo para decir algo que sume a lo que ya hay escrito. Si no lo vas a hacer bien, no lo hagas.
Acabo de terminar la biografía de Cary Grant escrita por Marc Eliot, y tan grata ha sido la lectura que, aparte de recomendaros encarecidamente el libro, quiero compartir mi impresión sobre esta figura legendaria que, aún hoy, nos observa sosegado desde su olimpo. Cuesta reconocer en el Archibald Leach (1904-1986) que Eliot disecciona en su trabajo al actor que encandilaba al mundo entero, y acabas por vislumbrar, bajo el fulgor deslumbrante de la estrella, al ser humano que peleó con encono por aceptarse y que acabó poniéndose el mundo por montera. Coetaneo de la mejor generación de actores que ha dado Hollywood -los Fonda, Stewart, Cooper o Bogart-, les superó, si eso es posible, en carisma y reconocimento popular; resultaba imposible contener la emoción que Grant, en primer plano, suscitaba en su público. Aún hoy, revisando su maravillosa carrera, sentimos una instantanea corriente de simpatía por el hombre atribulado, perseguido por fuerzas mayores que él a las que acaba derrotando por un golpe de un destino al que se resiste a ceder. Viendo en perspectiva su filmografía, comprendemos que a Grant le preocupaba mostrarse elegante y humilde al mismo tiempo, tal y como gustaba de manifestarse en su vida cotidiana.

La santísima trinidad: Grant, Hepburn y Stewart
Eliot, describiendo la llegada de Archie Leach a Estados Unidos, nos presenta al actor en ciernes, inseguro y a la vez hambriento de gloria. Obviamente, lo de Cary Grant, en virtud de su imponente presencia, era cuestión de tiempo, y no tardó en encontrar las personas ni en tomar las decisiones adecuadas para asaltar con garantías la meca del cine, un escenario para el que debería luchar con las primeras espadas del star system. Hoy, cuando se recuerda a Grant, rapidamente sale a la palestra la cuestión de su presunta homosexualidad, así como sus coqueteos con el LSD, profundamente liberadores para él, aunque posteriormente matizara su entusiasmo. Sobre su amistad con Randolph Scott, la biografía no deja lugar a dudas; Grant y Scott fueron pareja durante los primeros años de Grant en Hollywood, y hasta es posible que Scott fuera su mitad perfecta. En un tiempo de prejuicios, y en un entorno donde Grant era deseado por todo el mundo, tanto su orientación sexual como su manera de manifestarla despiertan admiración. Dueño de su destino, superó el recelo de los demás y siempre manejó esa parcela de su vida con una exquisita prudencia. Más discutibles parecen otros comportamientos -su famosa y proverbial tacañería o el modo en que se comportó con su cuarta mujer Dyan Cannon-, pero ningúno de los actos reprobables en su vida privada, ninguno imperdonable de hecho, soporta la comparación con el peso y la relevancia de su carrera cinematográfica, jalonada de éxitos, de obras maestras, plena de riesgos y hallazgos.

Hitch descubriendo el lado oscuro del galán
Muy criticado durante los años cuarenta por el establishment hollywoodiense por su decisión de escapar a la tiranía que los grandes estudios aplicaban a sus estrellas, sometiéndolos a contratos de larga duración que dejaban sus carreras en manos de los Selznick y Mayer de turno, Grant venció en una lucha en la que otros como Ronald Colman sucumbieron. Pionero en la obtención por contrato de porcentajes por beneficios, supo moverse con cintura sorteando algunos de los temas más espinosos de su tiempo: la participación en la segunda guerra mundial, que le llevó a una vodevilesca situación en la que se vieron implicados el mismísimo Hoover y su futura segunda esposa Barbara Hutton, a la que espió, o la toma de partido ideológica a la que el Comite de actividades antiamericanas del infame Mccarthy obligaba, cuyas consecuencias esquivó, no sin notorios problemas, a pesar de su simpatía por las ideas de izquierda. Llegados a este punto, en 1953 y rozando la cincuentena, adquieren un sentido épico sus declaraciones de apoyo al entonces cuestionado Charles Chaplin, al que curiosamente Grant apenas conocia personalmente: “Chaplin ha proporcionado enorme placer a millones de personas y espero que vuelva a Hollywood. Personalmente no creo que sea comunista, pero, sea cual sea su filiación política, es algo secundario frente a su grandeza como estrella del espectáculo. No deberíamos pasarnos de la raya”. Esto, como bien sabe nuestro querido Sergio Arán, es algo que el gran James Stewart jamás hubiera hecho.

El rey del primer plano.
Cinco mujeres, setenta y cuatro películas -de las cuales más de una decena son obras capitales en la historia del cine-, un oscar honorífico que compensó una espera que en ocasiones hizo enfurecer al actor, perpetuo candidato al premio y siempre ignorado en el último momento, muchas de las veces en respuesta a su descarada oposición a los estudios y las servidumbres que solían aplicar a sus estrellas, Cary Grant aparece hoy como uno de los íconos mas reconocibles y legendarios del séptimo arte. Y como prueba de ello, y aún asumiendo lo dificil del cometido, rescato la que es en mi opinión la secuencia mas representativa del cine de Grant. Mencionar que por entonces el amigo Grant tenía 55 castañas y destacar a lo largo de toda ella el inconmensurable talento de su director a la hora de componer imágenes y de moldear la acción en el espacio y en el tiempo que manejaba. En concreto el fragmento que va del 1:48 al 2:05 creo que es insuperable, tanto desde la dirección como desde la interpretación. Que la disfruteis.
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12 Abril 2009 / 1 comentario » / por admin
Este post no tiene otro objetivo que recordar a los despistados que queda una semana de Francis Bacon en Madrid. Desde las ya lejanas exposiciones de Magritte o Hopper en la Juan March y la gran exhibición de Velázquez en el Prado, a la que el propio Bacon acudió, no recuerdo otra muestra tan merecedora de mención en la capital como ésta que reune las mejores obras del pintor irlandés, nacido hace cien años en Dublín y fallecido hace casi una veintena en nuestra ciudad, a la que regularmente acudía para saciar sus diferentes apetitos. Sortear lo mucho que se ha dicho acerca de la obra de Bacon y perseguir la originalidad es dificil, ya que posiblemente la obra de Bacon ha sido la mas analizada -y reverenciada- del siglo XX después de la de Picasso. Hoy, sometidos al reinado descafeinado del majadero Hirsch, propietario él mismo de varios cuadros de un Bacon al que admira ya que, y cito a Hirsch: “jodió en el infierno”, resulta casi imposible contemplar la obra del irlandés sin torcer el gesto; obviando la racionalidad que el propio Bacón desechaba, contemplamos el producto de un ser conflictivo, torturado y quizá cercano a la bipolaridad que destruyó a Virginia Woolf o a Sylvia Plath.

Serie de Muybridge, primera y decisiva influencia
Proveniente de una familia acomodada que desde un principio intentó “controlar” la extravagante actitud del pequeño Francis -su padre lo echó de casa tras sorprenderle vistiendo las ropas de su madre-, trabó contacto en su época de formación con el arte en Berlín y París en el bullicioso periodo de entreguerras, donde quedó vivamente impresionado por la obra de Picasso y el cine de Abel Gance, Eisenstein y los expresionistas alemanes Ruttman y Murnau. En su regreso a Londres, Bacón comienza a destacar como decorador de interiores y no es hasta el final de la segunda guerra mundial cuando consigue vender y exponer sus primeras obras. Conmocionado y fascinado al mismo tiempo por el horror del conflicto, Bacon traza en sus primeros “Estudios de figuras” el eje de su técnica y temática, escandalizando a una sociedad y a un mundo que probablemente había traspasado un umbral de angustia al que nunca deseó y pensó llegar. Es desde aquí desde donde el irlandés inicia su particular via crucis, donde el ateo persiste en el empeño de interpretar la iconografia de la crucifixión mezclando en una coctelera despiadada cristianismo, nazismo y mutilación, donde el hombre persigue un amor que sólo le concederá tormento y vacío; en este punto, la serie de retratos de su trágicamente desaparecido amante y compañero George Dyer, literalmente licuándose y perdiéndose en la obra tal y como Bacón probablemente sentía perderlo dentro de él, dan buena cuenta de ello. Desde el trazo casi cincelado, donde las masas de pintura dibujan tendones, cartílagos y huesos al aire, Bacón, a la manera de un Rothko atormentado, deja de lado las construcciónes geometricas donde encarcelaba a sus figuras -barrotes de luz, prismas, paralelogramos- para ubicarlos en masas de color plano que transmiten una angustiosa y descorazonadora inmaterialidad. Aquí, el descreído ateo transmite, a la manera del universal protagonista de la obra capital de Munch, un grito certero y despiadado: no hay nada después de la muerte, y la muerte nos rodea, acecha y acaba asaltando.

La fascinación por la anormalidad: Bacon interpreta a Muybridge
Cuesta, analizando la figura de Bacon, observándole en las entrevistas que concedió, descubrir al hombre tortuoso y en perpetua agonía que su obra revela. Se le ve relajado, atento y en ocasiones agudo en la réplica; se percibe también la concentrada dedicación del artista ambicioso y consciente del efecto que su obra produce. Se sabe que su sexualidad resultó tormentosa y tremendamente insatisfactoria y que su concepción de la existencia era implacable y nada halagüeña; a poco que nos esforcemos, sentimos en la obra de Bacon la punzante necesidad de transmitir una idea del mundo sencillamente intolerable; aquí resulta divertido citar el comentario de Margaret Thatcher cuando le preguntaban por Bacon: “asquerosos trozos de carne”, respondía horrorizada. No podía imaginar lo cerca que caminaba en forma y fondo nuestra protagonista a la imaginería del irlandés.

El grito, mudo y ensordecedor al mismo tiempo, referencia e influencia.
Relevante en la metodología Baconiana -e interesante para este blog- es el modo en que el artista ya no sólo se sentía influenciado por la fotografía y el cine, sino el modo en que Bacon los asimilaba en su proceso creativo: Bacon fotografiaba a sus modelos y luego los representaba tomando la imagen captada como referente; mas allá de las evidentes -y no tan evidentes- lecturas que el hecho concede, aquel “modo de trabajar”, entonces innovador y muy criticado, se puede interpretar hoy como el prólogo de una “concepción del arte total”, donde la facilidad de acceso a la información que concede el mundo globalizado hace que las maneras de crear, antes exclusivas de cada medio, ahora colisionen violentamente y hagan emerger un arte para unos contaminado y para otros enriquecido. Desde aquellas series de Muybridge que acompañaron a Bacon a lo largo de toda su vida artística, pasando por las imágenes de acontecimientos deportivos, taurinos o registros criminales y forenses, en la obra del irlandés encontramos un “realismo”, descarnado y antirepresentativo al mismo tiempo, que provoca nausea y admiración, nausea por la evidencia de la irracionalidad de algunos estados del hombre y la inelegancia de la carnalidad, y admiración por el talento y el valor sin mácula de un artista que creaba desde un espacio y un tiempo sin límites, desde una libertad en su caso aterradora.
El día 19 de Abril cierra sus puertas uno de los acontecimientos culturales mas importantes de los últimos años en Madrid. Por más que se lea sobre Bacon, creo necesario sumergirse a pleno pulmón en la obra de un autor que, desgraciadamente para todos, transmitió fielmente la esencia del tiempo que le tocó vivir.

Francis Bacon
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15 Marzo 2009 / 7 comentarios » / por admin
El 6 de Marzo se estrenaron dos películas de distinto sesgo, en principio incomparables y ambas pacientemente esperadas por los aficionados al séptimo arte: Watchmen, de Zack Snyder, y Gran Torino, de Clint Eastwood. Snyder, tras las efervescentes “Amanecer de los muertos” y “300“, se lanzó a la mastodóntica tarea de filmar el prestigiosísimo cómic de Moore; proyecto acariciado por muchos desde hace más de una década, finalmente es estrenado y en apenas una semana tenemos batacazo en taquilla, peticiones desesperadas de los guionistas a los devotos de “la cosa” para que repitan visionado -que peligra el variable de taquilla- y ríos de tinta y bytes sobre un proyecto ambicioso, en esencia muy pretencioso y brillante en contadas ocasiones -casi todas relacionadas con el personaje de Rorschach-. No voy a perder más tiempo con esta película que con las casi tres eternas horas de visionado ya tuve bastante; se habla de fidelidad en la transposición del cómic a la pantalla, de una magistral deconstrucción de la figura del heroe -en abstracto- a la manera Homérica, de una experiencia cinematográfica definitiva comparable a las que supusieron en su día Blade Runner o Sin perdón, en suma. Para el que escribe, Watchmen es un ladrillo muy bien pintadito para que parezca bonito, un peñazo glacial que con el tiempo será recordado como el Dick Tracy de la prímera década de siglo. Veo a ese metaNixon “deconstruido” de Snyder, pienso en el Nixon de Langella en El Desafío y no puedo evitar la carcajada. Y a los que enarbolan la bandera de la fidelidad a la obra original, las ciudades en el comic son destruidas por un calamar gigante; si somos fieles, seámoslo del todo. El tiempo hablará.

Why so sad?
Afortunadamente, en este mundo de cineastas lactantes y autores maduros aún quedan artistas de una pieza; Clint Eastwood ya amenazó (y esto si que supone una verdadera amenaza y no las rabietas de Ozymandias -Ozzy para los entendidos-) con retirarse tras “Million Dollar Baby”. Afortunadamente, el viejo se desdijo y realizó dos películas en 2008, El Intercambio -empeño correcto y desapasionado al mismo tiempo- y Gran Torino, donde el bueno de Clint parece que, esta vez sí, se despide del público con una dosis concentrada de cine heróico. Walt Kowalsky -nueva carta en el poker de personajes legendarios que Eastwood nos va a dejar- es un viejo huraño que, tras perder a su mujer, sólo pide que le dejen tranquilo. Alejado de su familia e incapaz de cumplir el último deseo de su mujer de tomar confesión, observa con desagrado a su vecindario, integramente compuesto por inmigrantes asiáticos. Un incidente levanta la espoleta de una situación arbitraria e injusta en la que él puede y debe tomar partido. A pesar de todos los inconvenientes y las reticencias iniciales, la vida se abre camino y al viejo Walt se le ofrece la oportunidad de redimir antiguas culpas regalando a su nuevo e inesperado púpilo el bien mas preciado que se puede entregar, la libertad.

El wax on, wax off eastwoodiano
Gran Torino es basicamente esto, una historia de mecenazgo y aprendizaje, un tratado de malas maneras que esconden sentimientos perfectos. Eastwood, como hombre viejo que vislumbra el final del camino, siente la necesidad de transmitirnos la llama de lo necesario -frente a las permanentes contingencias de Watchmen-, y de esta manera nos entrega este relato de sacrificio puro en el que el mentor enseña a su púpilo lo que es, le deja lo poco -o mucho- que tiene y se inmola para que enmudezcan las amenazas y así allanarle el camino a su alumno en un soberano acto de vida.
Gran Torino no es perfecta, como Million Dollar Baby tampoco lo era, pero en su metraje es tal el grado de autenticidad que uno observa -algo también presente en la magistral The Wrestler- que es imposible no dejarse llevar por la emoción. Conmovedor es el modo en que Eastwood trata la (ausencia de) relación entre padres e hijos -temática continuamente presente en películas de Eastwood como Los puentes de Madison o El aventurero de Medianoche-, el aprendizaje -motor de Million Dollar Baby, El Jinete Pálido, Un mundo perfecto o Sin Perdón- y el sacrificio y su carga expiatoria -Mystic River o de nuevo El Jinete Pálido-. Podríamos calificar de milagrosa la evolución desde aquel lejano ya Eastwood primitivo y sanguinario de los westerns de Leone a este anciano petreo y a la vez profundamente humano que emociona a golpe de plano y casi sin pretenderlo. El cine, -el de Eastwood y en general-, desde la fortaleza del entendimiento del hombre que otorga la experiencia bien asimilada, se construye con materiales imperceptibles que sumados forman un todo colosal.

Bang, bang...Habemus icono inmortal: la pistola de Walt.
Se ha comentado la carga paródica de la interpretación de Eastwood; hay mucho humor en la película, cierto, las secuencias de Walt con Thao en la peluquería y en la oficina del encargado de la obra amigo de Walt son irresistibles, y el modo animal en que Walt gruñe y masculla ante lo que le desagrada hiperboliza su perpetua pose; la ya legendaria “pistola de Walt” podría ser paródica pero a mi se me antoja demoledora: Kowalski encuentra la manera de hacerse respetar en un mundo que se desmorona; su arma de pega y el modo en que hostiga las amenazas que acechan al joven Thao son en mi opinión el broche perfecto a una trayectoria ejemplar. En suma, aún riéndose de si mismo, Eastwood nunca deja de tomarse (y tomarnos) en serio.
Para terminar, y como mención a la secuencia final de la probable última película del maestro, incluyo el regalo que se han hecho Jamie Cullum -otro gran aprendiz- y Eastwood colaborando en la canción que da título a la cinta. En la película, como un majestuoso easter egg, la canción esconde un regalo precioso que a mi particularmente me emociona sólo de pensarlo -en el player de ésta página para los impacientes-. Películas como Gran Torino, The Wrestler o El curioso caso de Benjamin Button renuevan mis votos de amor por el CINE.
Clint, no te mueras nunca.
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Tags: Clint Eastwood, Gran Torino, Jamie Cullum, Walt Kowalski, Watchmen, Zack Snyder
22 Febrero 2009 / 6 comentarios » / por admin
En un principio, cualquier productor sensato no hubiera apostado jamás por Darren Aronofsky, el sesudo ideólogo de las geométricas y racionales “Pi” y “Requiem por un sueño”, para dirigir “The Wrestler”. Lo mismo sucedió hace años con “La historia verdadera” de David Lynch, que tras ascender al olimpo del celuloide con su sencilla y sentida aproximación a la esencia humana volvió a dispersarse con aquel bodrio de tres horas llamado “Inland Empire”. Aronofsky, que sólo por estar casado con Rachel Weisz merece todo el crédito y respeto del mundo, comprendió lo complicado que iba a resultar tal empeño y se lanzó a producir y dirigir la historia -maravillosamente guionizada por Robert Siegel- de Randy The Ram Robinson, un ex-campeón mundial de lucha libre en horas bajas que decide inventarse su propia segunda oportunidad.

Randy, el heroe gastado
Indudablemente, The wrestler no existiría tal y como la conocemos sin la decisiva aportación de Mickey Rourke. Cuenta Aronofsky que, aun manejando diferentes alternativas -Stallone o Nicholas Cage- para encarnar a Randy, la decisión final abrió ante él un abanico de nuevas oportunidades, para lo que el director se aplicó en estudiar al gastado Rourke y filmarle desde la mejor perspectiva posible. Lo que posiblemente Aronosfky no calculó en un principio es que ningún otro actor podía encarnar a Randy the Ram como Rourke y nadie podía ofrecerle un estado físico y anímico tan íntimamente conectados al de su personaje: pocas veces en la historia del cine se ha producido tal confusión de identidades -me viene a la cabeza la Gloria Swanson de Sunset Boulevard-. Rourke, que esta noche va a ganar el oscar mas sentido y merecido de toda la noche, termina su errático peregrinar y finalizará un viaje que comenzó con las esplendorosas “Rumble Fish” y “Year of the dragon” -complejísimo su Stanley White en aquella película totalmente reivindicable-, que naufragó en una lamentable sucesión de decisiones equivocadas que empezó a corregir con la inestimable ayuda del Tarantino pack -grandes recuperadores de talentos olvidados- en la enigmática Sin City

Stephanie, sujeto redentor.
Como no quiero convertir este post en un gran spoiler, transcribiré mis impresiones: The wrestler es una película que late como el corazón herido de su protagonista, una herida en el alma de todo aquel que se sienta concernido por el fulgor de cualquier segunda oportunidad. Aronofsky, que nunca fué y jamás será más autor que con esta película, se ha acercado al abismo y lo ha filmado con recogimiento y respeto, casi muriendo de amor por unos personajes cuya existencia pende de un fino hilo gastado que se rompe al mirarlo. Stephanie -una deslumbrante Marisa Tomei, quizá los 44 años mas espectaculares que se hayan visto nunca en una pantalla- llama tarde a una puerta que lleva años cerrada, pero consigue prender en el ser terminal que es Randy la llama de una última gran necesidad, la de dar un fín honorable a lo que una vez fué una vida luminosa y hoy se arrastra -descorazonadora la secuencia de la reunión de viejas glorias del wrestling recibiendo a los antiguos fans y a sus hijos- y vaga como un alma en pena en una oscura caravana a la que ni siquiera puede entrar. Rourke, que hace 20 años se empeñaba a igualar al simpar Bukowski en la terminal Barfly, ha encontrado un propósito a su autodestrucción y renace fortalecido en esta película visceral -entendiendo el corazón como gran víscera-. Secuencias como el respetuoso seguimiento que Aronofsky hace a Randy, steady al hombro y simulando los ecos de un gran combate cuando éste se encamina a su puesto de charcutero, el travelling circular que hace al coloso tumefacto y lleno de grapas tras la pelea, o el modo en que filma la poderosa camaradería de los luchadores, una familia quebrada y a la vez unida y respetuosa, vinculan a Aronosfky con autores mayores como el Eastwood de Million Dollar Baby o el John Huston de Fat City. Palabras mayores.

Randy en su Gólgota
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Tags: Darren Aronosfky, Marisa Tomei, Mickey Rourke, The wrestler
20 Febrero 2009 / 1 comentario » / por admin
Posible fake; la respuesta el domingo (gracias a Joan Jimenez por el aporte):

Hagan sus apuestas
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19 Enero 2009 / 5 comentarios » / por admin
Francia es un país de tremendos contrastes con una tradición cultural apabullante. En literatura, pintura, teatro o en la disciplina que nos suele ocupar en este blog, el cine, sus propuestas han sido demoledoras y su alcance universal. Basta recordar el origen de la tecnología en sí misma, gestada en la cocina de los prodigiosos hermanos Lumiere, o los maravillosos viajes lunares de Georges Melies para concederle a la cinematografía gala el crédito que merece. Un repaso a su historia nos permite encontrar nombres como el de Jean Renoir -¿alguno acaso sigue sin ver su insuperable “El río“, quizá la mejor película rodada por ser humano alguno?, Truffaut y el impacto de su Nouvelle vague, el gran Louis Malle o Claude Sautet, que certifican la garantía y la eterna buena salud de una escuela reconocible y a la vez diversa -comparar a Sautet con Chabrol no tendría sentido, por ejemplo-.

La enseñanza como vocación.
Desde aquella “Llegada del tren a la ciudad” de los Lumiere fechada en 1895 hasta 2008, ha llovido, pero películas como La Clase -Entre les murs, de Leonard Cantet- consiguen cerrar un círculo imaginario en el que el medio cinematográfico alcanza su completo esplendor, no tanto en el modo de contar sino en el alcance de lo que se cuenta, la ambición de hasta donde se pretende llegar como cineasta y el entramado de relaciones entre la ficción propuesta y su reflejo en la sociedad. En mi opinión, y para cualquier disciplina artística, cuando el arte y la sociedad se confunden de tal manera, asistimos a un espectáculo total, a la verdadera medida del arte, a su expresión definitiva.

La clase como escenario.
Laurent Cantet, autor de la interesantísima y jaleada por muchos “Recursos humanos” y la reveladora “Hacia el sur“, atesoraba trazas de director con mirada propia y una perceptible sensibilidad social, pero es en “La Clase” (excelente -sic- traducción del original “Entre les murs”) donde elimina cualquier artificio para filmar la esencia de una realidad apabullante y universal que nos golpea a diario y que condiciona y define a las generaciones venideras. La pedagogía, disciplina en la que Francia es pionera y abanderada -gracias por el dato, Difusa- es en esta película diseccionada bajo el bisturí de una cámara pocas veces más humana, pocas veces menos perceptible y a la vez mas presente en el transcurrir de una historia que no es ni comedia ni tragedia sino un acto de vida que transcurre ante nuestros ojos.

La literatura como ariete.
Hoy en día, cuando muchos se asustan de determinadas actitudes en unos hijos a los que directamente no reconocen -basta citar el escalofriante caso de la méndiga del cajero de Barcelona o los múltiples casos de acoso en colegios e institutos-, “La Clase” nos ofrece la posibilidad de asistir, como testigos privilegiados, al trabajo de un profesional de la enseñanza, François Bégaudeau, autor de la novela en la que se basa su guión y protagonista de la película, personaje para el que valientemente guarda aristas que condicionan su devenir y en el que encarna la pelea diaria de un colectivo que se faja por iluminar las mentes de niños y jovenes en muchos casos irreductibles. La historia en concreto plantea, durante un curso escolar -si bien la cronología de la historia no importa-, el modo en que François, tutor de una clase de secundaria de París, intenta sujetar las riendas de un grupo heterogeneo y conflictivo, en el que laten un gran número de las cuestiones que dinamitan la idea que los más ilusos puedan tener sobre una Europa unida.

Merecidísimo triunfo en Cannes
Integración racial, sentimiento de pertenencia al país, la busqueda de un modelo educativo que sencillamente funcione, la propia rebeldía juvenil y el sentimiento de afirmación que subyace en el cuestionamiento de la autoridad dibujan un lienzo de gran viveza y detalle; la imposibilidad de sujetar a un alumno problemático trasciende la normativa y los procedimientos del instituto -lo local- para terminar cuestionando la propia esencia pedagógica -lo universal-, la inutilidad de cualquier acto educativo y a la vez la feroz carga de futuro y esperanza contenida en el momento en el que una transferencia educativa -o meramente emocional- ocurre entre un profesor y su alumno. Si a esta propuesta, ya de por si estimulante, le unimos el acierto de Cantet a la hora de plantear una realización cristalina, una plena inmersión en el corazón de lo que filma y una progresiva fusión entre la ficción y la propia realidad, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que nos encontramos ante un film mayor, una de las películas capitales de la década y un nuevo recordatorio de que en Francia sigue latiendo el corazón de esta vieja y castigada Europa.
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Tags: Educación, Entre les murs, François Bégaudeau, La clase, Laurent Cantet, Pedagogía
16 Enero 2009 / 4 comentarios » / por admin
Gracias a Raul por el enlace. Este se lo quiero dedicar a Difusa, que anda un poquito plof.
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Tags: B.B King, Ben E. King, Cine, Música, soul, Stand By Me
13 Enero 2009 / 1 comentario » / por admin
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Tags: Brett Ratner, Pierce Brosnan
11 Enero 2009 / 9 comentarios » / por volga

Tengo un amigo que es profesor de la asignatura de Edición de Cine en una universidad privada, en la carrera de Comunicación Audiovisual, claro está. Esta asignatura en su plan de estudios se ofrece como optativa, algo ya incomprensible de por sí, porque si una sola materia debería ser obligatoria en unos estudios de cine y TV tendría que ser la relacionada con la edición, es decir, la tarea de unir las imágenes para crear movimiento y secuencias, y dando el ritmo correcto. El colmo es que este año la asignatura ni siquiera se impartirá por falta de alumnos matriculados, interesados, en estudiar Edición.
Pasando por alto este primer error, de lo que me cuenta me quedo con el poco interés que muestran en general los alumnos, no sólo por esta asignatura, sino por toda la carrera, sobre todo por los aspectos y materias más relacionados con la técnica, con la práctica, con lo que se diría trastear en asuntos directamente relacionados con la carrera que están estudiando y con las profesiones a las que llevan estos estudios. Aparte, la falta de conocimiento sobre cine, sobre obras y sobre el oficio, llega a niveles preocupantes en temas básicos. Por ser Comunicación una carrera tan “lúdica” y vocacional, sorprende más ver que entren estudiantes sin interés real.
Lo que más nos sorprende es lo poco que aprovechan todos los medios a su alcance para realizar prácticas. Siendo sincero reconozco que en nuestros años (no hace mucho, ambos estudiamos Comunicación y somos de la promoción del 2004) tampoco aprovechamos la universidad y los medios que teníamos todo lo posible. Pero a pesar de que ponga por delante este mea culpa, hay que recalcar que los medios al alcance de estos jóvenes por el hecho de estudiar en el 2009 (abaratamiento y mejora de los equipos audiovisuales) son incomparables a los de hace 5 años.
Además en una privada el hecho de ser muy pocos alumnos por clase da un ratio de equipos por alumno más alto y las ganas y disponibilidad de algunos profesores (como mi conocido) para hacer del aprendizaje algo práctico, dinámico y útil es algo que encontramos en contadas ocasiones en nuestra facultad (tanto por profesores con el mal del catedrático, como por la falta de asignaturas prácticas, técnicas, o pegadas a la realidad actual de los medios audiovisuales o la imposibilidad de hacer trabajos prácticos con clases de más de cien alumnos).
No es comprensible que haya chavales (no todos, pero sí demasiados) a los que darles una cámara, un equipo de edición y tiempo, y pedirles que hagan lo que quieran lo entienden como una obligación y un suplicio. Nosotros lo comparamos, no solo con nuestra etapa de estudiantes sino también con gente que se dedica profesionalmente al audiovisual y ni siquiera tuvieron una formación académica en el tema pero que se buscaron la forma de practicar por su cuenta, con muchos peores medios y oportunidades.
Además en el caso de estos alumnos no se les exige normalmente originalidad. La presión por tanto no viene del bloqueo creativo de alguien que quiere o tiene que hacer una pieza audiovisual que sea nueva, por la sensación de que “todo está ya hecho”.
En cambio, deberían entender que están la universidad y en una clase de edición, por lo que se puede trabajar sobre una idea conocida y simplemente hacer el trabajo técnico de pasarla del papel a un medio audiovisual. No hay presión, no se pierde dinero, incluso se valora más que aprovechen la caja de arena para ser arriesgados y probar cosas que seguramente no funcionen pero de la que aprenderán cuanto menos lo que no hay que hacer. Pero nada: se ven como paralizados.
Por ejemplo, una de las iniciativas que promovió este profesor fue un trabajo conjunto de alumnos en el que se realizaran cortometrajes en vídeo, repartiendo las labores entre alumnos de distintas asignaturas relacionadas con cada puesto. Con todo lo contado no extraña saber que la iniciativa, lejos de ser considerada por los alumnos un regalo, y una divertida forma de practicar algo que es habitual en el ámbito profesional, el reparto de tareas y responsabilidades, fue motivo de continuas quejas. Y todo porque junto a ese miedo a llevar ideas a cabo (no ya a ser original) se encuentran alumnos con el concepto de autoría audiovisual un poco exagerado: lo quieren hacer todo ellos, y no aceptan ser parte de un proyecto conjunto con reparto de responsabilidades.
No sabemos por qué ocurre todo esto, pero nuestra conclusión, fácil de compartir después de leer todo lo contado, es que cuanto más tienes, o cuanto más ponen a tu disposición incluso sin pedirlo o merecerlo, menos lo valoras y menos lo aprovechas.
Es habitual leer anécdotas de grandes directores contando como desde su infancia se hacían de cualquier forma con cámaras y película de 8 mm. para poder poner en práctica todos los experimentos de aprendizaje que tenían en la cabeza, de manera casi obsesiva, involucrando en ellos a su familia, amigos, y proyectándolos a una audiencia poco crítica y poco voluntaria… Del otro lado están estos chicos, en una universidad privada, con cámaras, medios para la edición, más estudiantes con los que trabajar en equipo y una audiencia amplia, de alumnos y profesores, de los que extraer tras proyectar sus trabajos algún feedback y una opinión formada de alguien que sabe algo de cine. Eso sin contar que el siglo XXI permite la difusión de sus trabajos en internet, presentarse a premios… lo que debería ser un aliciente más para aprovechar y probar todo lo posible durante su estancia en la Universidad.
Espero que contar esto sirva un poco de revulsivo para alguien que lo lea, y se dé cuenta antes de acabar la universidad de la enorme oportunidad que tiene. Es una frase que yo escuché en su momento y no entendía del todo, así que supongo que otros en esa situación tampoco tomarán este consejo en cuenta, pero no quiero dejar de intentarlo. Cuando uno se pone a trabajar, echa algo de menos la época universitaria, y el tiempo que tuvo entonces para hacer lo que ahora quisiera, y no puede.
Posteado en: Miscelanea
6 Enero 2009 / 13 comentarios » / por volga
Ya que Rafa (uy, Admin) ha escrito sobre un tema que últimamente me está interesando y que sigo con ganas, he pensado que, en lugar de hacerle un comment kilométrico, voy a hacer otro post con mi visión actual sobre Twitter. Así tratamos el tema de una forma algo más profunda y desde dos puntos de vista. Que se note que el blog es de ambos.

Twitter está encontrando en su propuesta y el uso que le están dando un perfecto punto intermedio entre todas las formas previas de comunicación en internet, esto es, es un híbrido entre chat, mensajería instantánea, blogs, foros, listas de correo…
Primero empezó como un microblogging, por la sugerencia de uso de responder a la pregunta “Qué estás haciendo en este momento”, una información de una sola dirección, punto-masa, siendo la masa una lista de suscriptores conocidos por uno mismo y permitidos, y además pudiendo ser cualquiera que entrara a tu usuario de twitter si tu cuenta la dejabas como pública.
La limitación tan estricta de caracteres, que podría haber sido mal recibida, se ha aceptado bien por la comunidad y ha permitido hacerlo más cómodo para los usuarios, en estos tiempos de exceso de información y de comunicación, tanto para los creadores de contenido más vagos como para los lectores, que también consumen mejor decenas de fuentes de 140 caracteres que decenas de posts en blogs, que pueden ser de 2000 caracteres cada una. Por lo visto todos queríamos cortar la extensión de contenido y ha tenido que llegar alguien para limitarlo por decreto para darnos cuenta.
Y al igual que el sms se convirtió en algo tanto o más usado que la llamada por voz en los móviles casi inesperadamente, en el caso de twitter los replies (las respuestas) y los D o DM (mensajes directos) que parecían añadidos secundarios a la API (se ve por la poca importancia que tienen en la estructura de la web de twitter) se han hecho imprescindibles para la parte social de twitter. Ahora los mensajes se mandan a la “masa” de suscriptores, pero siempre teniendo claro que ese mensaje puede provocar una o varias respuestas unitarias de vuelta, que inicien conversaciones que se espera que mantengas.
Esto supone una diferencia con los comments de los blogs, en los que no se tiende a crear conversación tras el comentario, es solo un feedback que se suele tener en cuenta. Las respuestas se acercan más a los chats, por el hecho de ser públicas y ser leídas por el resto de seguidores comunes (y si la conversación se hace por DM pueden ser por tanto similares a la mensajería instantanea)
Pero como toda esta conversación no es necesario que se haga en directo, sino que se puede dejar enviado y ser leido y recibir respuestas en cualquier momento, es una forma de comunicación más similar a los ya menos usados foros o listas de correo.
Además con los foros tiene en común que aunque empezó como forma de contar tu vida personal, ahora twitter es algo también profesional, y hay gente y organismos que separan en distintas cuentas la información que va a dar por temas, de modo que sus suscriptores puedan recibir info interesante solo de ese tema, e iniciar con esa cuenta conversaciones también temáticas, como en el caso de los foros, que suelen o solían ser más temáticos, tratando de segregar a la gente por temas.
Twitter va a influir mucho en el resto de medios. Ha influido primero en el que más se asimilaba a él, que es el blog. Muchos bloggers han dejado de escribir en sus blogs para hacerlo en twitter, porque veían que era hacerlo dos veces (de ahí que Wired se apresurara quizás en exceso en anunciar la muerte del blog) y twitter le permitía una mayor inmediatez y menos trabajo de preparación de contenidos, un proceso que mata a veces la frescura.
Pero también va a influir en otros medios. Las agencias de noticias, los periódicos… ya están creando servicios de noticias vía twitter, símplemente por la velocidad de respuesta que pueden dar mándando los contenidos desde y hasta el móvil y cualquier otro dispositivo portatil sin la dificultad y exigencia previa de editar el contenido que tienen los medios audiovisuales y también los de internet.
Sin duda por ahora en España está triunfando un uso personal de twitter frente a un uso institucional, pero siempre sugiriendo que se aproveche para usarlo de autopromoción. Es decir, la idea de enganchar a través de twitter a usuarios y redirigirlos al resto de actividades que tengas, muchas de ellas seguro que comerciales, sirviendo twitter también para crearte una imagen más cercana que funciona de manera publicitaria, y también para crear una red de contactos que mezclan lo personal con lo profesional. Abundan los trabajadores y empresarios de agencias online o de empresas informáticas, gurús tecnológicos y otros elementos dentro de ese abanico. No, Twitter no es algo desinteresado, sino que desde el principio ha encontrado quien le busca su aplicación interesada y comercial, porque de todo se puede sacar beneficio directo o indirecto.
Por suerte, por ahora no ha influido en la forma de escribir de la gente, como sí pasó en el caso de los sms. Será porque twitter por ahora curiosamente es terreno más de profesionales de la comunicación que de jóvenes, al menos en España, la comunidad de twitter mantiene un compromiso no escrito para entrar dentro de los 140 caracteres sin tener que recurrir a un uso excesivo de abreviaturas, el llamado lenguaje SMS.
Twitter está creciendo, aún no tiene modelo de negocio, pero está tomando una estrategia distinta, que es la de primero crear una comunidad de usuarios, y dejar que la gente lo use para todo lo que quiera, incluso sugiriendo usos que seguro ni se le pasaron por la cabeza a los creadores de twitter, y después, una vez que la gente lo necesite, sacarles el dinero de alguna forma por seguir usándolo. El peligro es que todos los usuarios estamos esperándolo y dependiéndo de cuál sea la forma, valoraremos si Twitter es tan necesario y tan interesante para usarlo en ese nuevo contexto. Además el uso del API está alejándose de lo que se esperaba, en el sentido de que los usuarios apenas utilizan twitter desde su página oficial, sino que la mayoría usan clientes para escritorio como TweetDeck o Twhirl o clientes para Iphone. Esto puede suponerle un problema a Twitter de cara a insertar publicidad o enviar publicidad junto al contenido (estos clientes podrían filtrarla)
Y para terminar, lectores, sereis todos bienvenidos como followers, y yo a su vez estaré encantado de seguiros, en caso de que querais entrar a este fenómeno, si no es que lo estáis ya. Mi cuenta de twitter es http://www.twitter.com/volgathebest
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