John Hugues: espinita clavada y homenaje.
Despues de poner a caldo anoche a Bardem, esto no va a ayudar en mi cruzada en pos del prestigio perdido, pero no puedo evitarlo. Todos tenemos un lado ñoño y kitsch y el mío aflora con el cine adolescente de John Hugues, maestro del subgenero y fuente de la que beben estimables creadores de hoy como Judd Apatow y su descacharrante Supersalidos -cuanto le debe Mclovin al Geek-. Aun recuerdo como le atizábamos a nuestro compañero de facultad Fernando Consuegra defendiendo a capa y espada que John Hugues era mejor director que Ingmar Bergman. John Hugues (1950) no se prodigó en exceso como director, pero sí tuvo un peso especifico en la industria del cine en los 80 y primeros 90 con pelotazos como “Solo en casa”. De sus escasas ocho películas como director, cuya última etapa es claramente prescindible, me quedaría por razones dificiles de explicar con las siguientes:
Sixteen Candles – Dieciseis velas (1984)
Podría considerarse a Dieciseis velas como el punto de partida del subgenero de cine adolescente de los 80. Inspirada, procaz y desternillante, narra la historia de Samantha Baker -la plomiza Molly Ringwald, eterna sufridora de la filmografía de Hugues-, que se encamina hacía su decimosexto cumpleaños ante la indiferencia de su familia y el rechazo del guaperas de turno de su instituto. En un golpe de azar, su objeto de deseo, Jake Ryan, advierte el interés de ella y empieza a dejarse querer. Gravitando en torno a este eje aparecen personajes entrañables como El Geek, un jovencísimo Anthony Michael Hall que se adueña de la película con su descaro y naturalidad, el estudiante japonés de intercambio, los hermanos Cusack encarnando a sendos freaks. En suma, una maquina engrasada de hacer comedia sin demasiado almibar que aún hoy sigue conservándose como una comedia de referencia de los 80, un punto por debajo del cine de Landis o Ramis pero rayando a gran altura.
The Breakfast Club – EL Club de los Cinco (1984)
Película emblemática en su estreno, vista hoy carece de la frescura de su antecesora pero en cierto modo se erige como enseña y divisa de su tiempo. Cinco estudiantes de instituto -riqueza temática cero, de acuerdo- son castigados a pasar la mañana de sábado en clase y en esas horas que pasan juntos viven una serie de situaciones que les conducen a un mayor entendimiento de ellos mismos y del resto del grupo, mas allá de los estereotipos que encarnan. El deportista, el malote, el empollón, la soñadora y la pirada aúnan esfuerzos para sortear la vigilancia del jefe de estudios -maravilloso y añorado Paul Gleason, inolvidable Biggs de Entre pillos anda el juego- en un film que abandona la comedia mas salvaje para plantear cuestiones supuestamente de mayor calado. De visión obligada para entender a Hugues, su cine y el cine de los ochenta.
Pretty In pink – La chica de rosa (1986) / Some kind of wonderful – Una maravilla con clase (1987)
Dos películas que son una, porque cuentan basicamente la misma historia alterando personajes y situaciones. Las dos producidas por Hugues y dirigidas por su amigo Howard Deutch, marido de la maravillosa Lea Thompson, las dos son historias pequeñas que versan sobre la eterna cantinela de alguien que ama a alguien a quien no puede conseguir y es amado por alguien a quien no contempla. Descomponiendo la ecuación en factores: A quiere a B pero B no quiere a A, C, sin embargo, es amigo de A y ama a A, pero A sólo piensa en B y sólo acepta a C como amigo. En la primera película, Molly Ringwald vuelve a encarnar a una sufriente y humilde estudiante, Andie, que sueña con ir a la fiesta de fin de curso con el guaperas de turno -en este caso Andrew Mccarthy-. Al mismo tiempo, su amigo Duckie -un soberbio Jon Cryer- no consigue hacer ver a Andie que él es lo que realmente necesita. Andie cuida de su padre -Un Harry Dean Stanton imperial-, confecciona sus propios vestidos -ochenteramente horrendos, por otro lado-, y al final consigue que el niño pera se fije en ella y que su amigo del alma entienda que la vida es así. En Una maravilla con clase, tenemos como variante que los protagonistas cambian de género; ahora la modistilla se convierte en un mecánico -Eric Stoltz- que ahorra para ir a la universidad y el Duckie de turno es Watts, una Mary Stuart Masterson adorable que toca la batería y que asiste dolida al flechazo de su amigo por una Lea Thompson hiperpija aunque con cierta nobleza, aspecto que podremos percibir al final de la historia. Personajes planos, situaciones maniqueas -en ambas películas hicieron sus primeros bolos como malotes James Spader y Craig Sheffer, hoy archiconocido como protagonista de la serie Bones (corregido por la base de datos televisiva llamada laura: el prota se llama David Boreanaz y Craig ha estado currando en One tree hill, otra serie)- y un refrito de tópicos que inesperadamente funcionan como un reloj de precisión. En mi modesta opinión, imprescindibles ambas para entender a Mr. Hugues.
Ferris Bueller´s Day Off – Todo en un día (1986)
Cumbre de su autor, del genero que representa y para quien escribe esto una de sus “películas del alma”. El argumento sonrojaría al mismo Shakespeare: un estudiante caradura y carismático -Matthew Broderick- quiere hacer novillos con su mejor amigo y su novia y organiza un plan endiablado para salirse con la suya, teniendo como némesis al jefe de estudios Ed Rooney -un maravilloso Jeffrey Jones que sencillamente borda su papel de autoridad ultrajada-. Coches, carreras, museos, música de los Beatles y un inacabable deseo de apurar la vida hasta la última gota; película vitalista hasta el extasis y deudora de una cierta narrativa publicitaria -si entendemos narrativa como forma de contar-, supone la culminación de una filmografía y la prueba definitiva de la consecución de un estilo propio y definido, requisito fundamental para valorar a un autor como tal. Mas allá de toda esta teoría, esta película es mi adolescencia, y por eso la adoro y la defiendo a muerte. Me gusta Persona de Bergman pero con Todo en un día disfrutó como un niño.
Como puntilla, os dejo un video precioso excelentemente montado que he encontrado y que rinde homenaje a nuestro protagonista de hoy. Espero que lo disfruteis, que a los que seais de mi quinta os traiga buenos recuerdos y que a los profanos os haya despertado el gusanillo para haceros con los dvds -todos a 6 euros en cualquier gran superficie- y embarcaros en un entrañable viaje al pasado.
Y para que no digáis que no tiro anzuelos al personal, mi pregunta de hoy es: ¿Con qué película de los ochenta os quedaríais?. Si me permitís la sugerencia, y adelantando futuros posts, Entre pillos anda el juego sería la mía
Esta entrada fué posteada el Miércoles, 10 Septiembre 2008 a las 23:09 y está almacenada en Cine. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.






Starcatcher 12 Septiembre 2008 a las 9:13
Ante todo, un mordisco virtual por haber dicho que el soso de Craig Sheffer es el protagonista de Bones. El agente Booth está encarnado por David Boreaznaz (conocido también por su trabajo en las tv series Buffy Cazavampiros y Angel).
Una vez, aclarado ello, no podría decidirme por una peli en concreto de esos ochenta… En Busca del Arca Perdida, Cazafantasmas, la que tú mencionas (Entre Pillos Anda el Juego), Las Amistades Peligrosas, Tango y Cash (no sé por qué pero me encanta), El Club de los Cinco (no puedo dejar de verla cuando la ponen en tv), La Jungla de Cristal, Poltergeist,St. Elmo Punto de Encuentro… Uff, son muchas.
P.D: me ha encantado el post.