The wrestler, la verdad de algunas segundas oportunidades y la eterna oportunidad de la verdad.

En un principio, cualquier productor sensato no hubiera apostado jamás por Darren Aronofsky, el sesudo ideólogo de las geométricas y racionales “Pi” y “Requiem por un sueño”, para dirigir “The Wrestler”. Lo mismo sucedió hace años con “La historia verdadera” de David Lynch, que tras ascender al olimpo del celuloide con su sencilla y sentida aproximación a la esencia humana volvió a dispersarse con aquel bodrio de tres horas llamado “Inland Empire”. Aronofsky, que sólo por estar casado con Rachel Weisz merece todo el crédito y respeto del mundo, comprendió lo complicado que iba a resultar tal empeño y se lanzó a producir y dirigir la historia -maravillosamente guionizada por Robert Siegel- de Randy The Ram Robinson, un ex-campeón mundial de lucha libre en horas bajas que decide inventarse su propia segunda oportunidad.

Randy, el heroe gastado

Randy, el heroe gastado

Indudablemente, The wrestler no existiría tal y como la conocemos sin la decisiva aportación de Mickey Rourke. Cuenta Aronofsky que, aun manejando diferentes alternativas -Stallone o Nicholas Cage- para encarnar a Randy, la decisión final abrió ante él un abanico de nuevas oportunidades, para lo que el director se aplicó en estudiar al gastado Rourke y filmarle desde la mejor perspectiva posible. Lo que posiblemente Aronosfky no calculó en un principio es que ningún otro actor podía encarnar a Randy the Ram como Rourke y nadie podía ofrecerle un estado físico y anímico tan íntimamente conectados al de su personaje: pocas veces en la historia del cine se ha producido tal confusión de identidades -me viene a la cabeza la Gloria Swanson de Sunset Boulevard-. Rourke, que esta noche va a ganar el oscar mas sentido y merecido de toda la noche, termina su errático peregrinar y finalizará un viaje que comenzó con las esplendorosas “Rumble Fish” y “Year of the dragon” -complejísimo su Stanley White en aquella película totalmente reivindicable-, que naufragó en una lamentable sucesión de decisiones equivocadas que empezó a corregir con la inestimable ayuda del Tarantino pack -grandes recuperadores de talentos olvidados- en la enigmática Sin City

Stephanie, sujeto redentor.

Stephanie, sujeto redentor.

Como no quiero convertir este post en un gran spoiler, transcribiré mis impresiones: The wrestler es una película que late como el corazón herido de su protagonista, una herida en el alma de todo aquel que se sienta concernido por el fulgor de cualquier segunda oportunidad. Aronofsky, que nunca fué y jamás será más autor que con esta película, se ha acercado al abismo y lo ha filmado con recogimiento y respeto, casi muriendo de amor por unos personajes cuya existencia pende de un fino hilo gastado que se rompe al mirarlo. Stephanie -una deslumbrante Marisa Tomei, quizá los 44 años mas espectaculares que se hayan visto nunca en una pantalla- llama tarde a una puerta que lleva años cerrada, pero consigue prender en el ser terminal que es Randy la llama de una última gran necesidad, la de dar un fín honorable a lo que una vez fué una vida luminosa y hoy se arrastra -descorazonadora la secuencia de la reunión de viejas glorias del wrestling recibiendo a los antiguos fans y a sus hijos- y vaga como un alma en pena en una oscura caravana a la que ni siquiera puede entrar. Rourke, que hace 20 años se empeñaba a igualar al simpar Bukowski en la terminal Barfly, ha encontrado un propósito a su autodestrucción y renace fortalecido en esta película visceral -entendiendo el corazón como gran víscera-. Secuencias como el respetuoso seguimiento que Aronofsky hace a Randy, steady al hombro y simulando los ecos de un gran combate cuando éste se encamina a su puesto de charcutero, el travelling circular que hace al coloso tumefacto y lleno de grapas tras la pelea, o el modo en que filma la poderosa camaradería de los luchadores, una familia quebrada y a la vez unida y respetuosa, vinculan a Aronosfky con autores mayores como el Eastwood de Million Dollar Baby o el John Huston de Fat City. Palabras mayores.

Randy en su Gólgota

Randy en su Gólgota

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Esta entrada fué posteada el Domingo, 22 Febrero 2009 a las 12:18 y está almacenada en Cine. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

6 respuestas a “The wrestler, la verdad de algunas segundas oportunidades y la eterna oportunidad de la verdad.”

Sergio Arán 22 Febrero 2009 a las 15:21

No la he visto. Sin embargo, discrepo con la analogía de Norma Desmond. Por que si bien la historia de Norma y de Gloria son basicamente la misma (el marido, la película que proyectan, los amigos…) hay una cosa que las diferencia radicalmente: la cabeza amueblada.
Gloria Swanson tenía la cabeza muy bien puesta. Era una mujer de negocios cuando Billy Wilder la llamó para esta peli y ella calibró esta oportunidad hablando y negociando el regreso. De hecho, aunque la historia le parecía demasiado dura y demasiado cercana, finalmente se decidió por tratarse de Billy Wilder. Desde luego, no estaba loca.
Esa diferencia entre personaje y actriz es tan abismal que no me parece justo cuando se compara (no aquí, sino que es algo muy generalizado) a personaje con actriz como si fueran lo mismo…

admin 22 Febrero 2009 a las 16:13

Tampoco creo que Mickey Rourke esté loco -al menos en el momento actual-. Me refería al hecho de que un personaje y la persona que lo interpreta mantengan una relación tan estrecha como para pensar que ningún otro actor o actriz pudiera interpretarlo de la misma manera. Mickey Rourke estaba rehabilitado tras Sin city, pero aquí decidió no cobrar a cambio de lo que ya ha ganado -el prestigio devuelto y la entrega a la posteridad de un personaje legendario-. Por otro lado, para mantener tu afirmación deberías ver The wrestler y comprobar por tí mismo el grado de identidad de Rourke hacia su personaje Randy The Ram Robinson, y confrontarlo con el par Desmond-Swanson.

Negar el paralelismo entre Norma Desmond y Gloria Swanson -tu mismo aportas los elementos comunes- y lo que representaba como manera de entender la industria es discutible también.

En todo caso, hablamos de dos personajes, dos interpretes y dos películas que perduraran.

Susana 22 Febrero 2009 a las 17:53

Rourke interpreta la película con ironía, de hecho el director supo que la peli con el ya sería otra diferente; ese discurso final en el ring se lo dedica a hollywood y a todo el que un día dijo “este tipo está acabado”……..
y la bajada de escaleras de la Swanson parecida a la entrada de Rourke en la charcutería…….

Difusa 22 Febrero 2009 a las 23:46

Bueno, ante todo diré que he estado dos noches seguidas soñando con el malogrado luchador y personaje principal de la cinta( y digo cinta por no decir peli por aquello de que esto lo leen muchos entendidos en cine), y es que el viernes, se ve que lo de de ir al cine me conmocionó.

Por mi parte, se de cine lo justo, lo justo que me gusta y disfruto. Creo ante todo, que el cine es para sentirlo. Si una historia no te emociona de alguna manera, te deja un sabor como de haber perdido dos horitas de poder haber estado haciendo algo mejor. Y como estoy convencida que justamente el cine debe emocionar, esta película me parece una maravilla.

A cada momento se descubren personajes que sobreviven (o no?)a su propia existencia y que dejan patente que la vida no es de color rosa o al menos, no siempre tiene porqué tener un final feliz que tanto les gusta a los americanos.

Al administrador le felicito. Estoy totalmente deacuerdo con todo lo que ha dicho, aunque para poner algún pero diré que se ha olvidado usted del personaje de la hija del protagonista, que al fin y al cabo, es la que inicia el principio del fin y que está muy bien interpretada para mi gusto.

Ea, después de kilómetro y medio de comentario…qué agustito me he quedao!! :D

Elphaba 24 Febrero 2009 a las 17:59

PUes fui a ver la película anoche, y estoy muy de acuerdo en todo lo que dices. Una gran película que creo que el tiempo la situará mejor aun. Me ha gustado mucho, a pesar del asquito que he tenido durante toda la proyección, y no precisamente por la sangre a la que estoy bastante acostumbrada. Y menudo cuerpazo el de mi tocaya. Yo lo quiero así cuando tenga su edad. Qué leches, lo quiero ya.

volga 26 Febrero 2009 a las 22:29

Ayer vi por fin la película, así que ya puedo leerme el post y dar mi opinión, no quería ir con un prejuicio hecho. Aunque creo que por el interés que tenía en la película, me había visto trailers y leído suficiente información como para que la película, como sucedió, no me sorprendiera, sino que me dio lo que creía que me iba a dar, o dicho de otra forma, no me defraudó, sino que estuvo a la altura.
Yo salí gratamente sorprendido de lo necesarios que eran tanto Rourke como Tomei para estos personajes. La película podría haberse hecho con otros actores y habría salido, claro, pero es que hay tal identificación en ambos casos entre actor y personaje que solo por eso vale la pena.
El film pone en paralelo los equivalentes masculino y femenino de una misma profesión: el cuerpo humano como objeto de espectáculo. Y físicamente no puede haber dos actores que te puedas creer más que ellos. Y digo actores porque esos personajes podrían haber sido interpretados por profesionales reales: en lugar de Rourke Hulk Hogan y en lugar de Tomei alguna veterana Stripper, pero en ese caso no le darían la dimensión humana necesaria para un personaje más complejo.
Rourke tiene un cuerpo envidiable para su edad, muy musculado y en forma, pero una cara con operaciones estéticas que le dan una pinta grotesca y que definen la diferencia entre un boxeador y un wrestler, que es que el segundo tiene tanto la faceta física de un boxeador como la de tener mucho de actor, y deberse a su cara, por lo que con el tiempo los excesos en alimentación, drogas y estética se muestran a las claras.
Y que decir de Tomei, una mujer que con 45 años está en pocas palabras buenísima, es perfecta para personificar lo que es su personaje, una mujer que por sus cualidades físicas excepcionales, puede seguir trabajando en un oficio que para la mayoría tiene menos recorrido, porque es el culto a la juventud, a la turgencia,…
Ambos están viviendo una vida de jóvenes en oficios con una exigencia física tremenda, que pocos jóvenes incluso pueden llegar a donde están ellos todavía.
Rourke podría haberle salido rana, Aronofsky lo sabía, pero tuvo la suerte de que le pilló de buenas, y ha hecho el trabajo de su vida.
Como curiosidad leí en una entrevista que la escena del corte en la frente con la cuchilla en el primer combate que se ve NO son efectos especiales: resulta que es algo común hacerlo en el Wrestling y Rourke estaba tan metido en el papel que sugirió por sí mismo hacerlo de verdad. Toma Stanivslasky!

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