Francis Bacon, el arte del horror del siglo XX

Este post no tiene otro objetivo que recordar a los despistados que queda una semana de Francis Bacon en Madrid. Desde las ya lejanas exposiciones de Magritte o Hopper en la Juan March y la gran exhibición de Velázquez en el Prado, a la que el propio Bacon acudió, no recuerdo otra muestra tan merecedora de mención en la capital como ésta que reune las mejores obras del pintor irlandés, nacido hace cien años en Dublín y fallecido hace casi una veintena en nuestra ciudad, a la que regularmente acudía para saciar sus diferentes apetitos. Sortear lo mucho que se ha dicho acerca de la obra de Bacon y perseguir la originalidad es dificil, ya que posiblemente la obra de Bacon ha sido la mas analizada -y reverenciada- del siglo XX después de la de Picasso. Hoy, sometidos al reinado descafeinado del majadero Hirsch, propietario él mismo de varios cuadros de un Bacon al que admira ya que, y cito a Hirsch: “jodió en el infierno”, resulta casi imposible contemplar la obra del irlandés sin torcer el gesto; obviando la racionalidad que el propio Bacón desechaba, contemplamos el producto de un ser conflictivo, torturado y quizá cercano a la bipolaridad que destruyó a Virginia Woolf o a Sylvia Plath.

Serie de Muybridge, primera y decisiva influencia

Serie de Muybridge, primera y decisiva influencia

Proveniente de una familia acomodada que desde un principio intentó “controlar” la extravagante actitud del pequeño Francis -su padre lo echó de casa tras sorprenderle vistiendo las ropas de su madre-, trabó contacto en su época de formación con el arte en Berlín y París en el bullicioso periodo de entreguerras, donde quedó vivamente impresionado por la obra de Picasso y el cine de Abel Gance, Eisenstein y los expresionistas alemanes Ruttman y Murnau. En su regreso a Londres, Bacón comienza a destacar como decorador de interiores y no es hasta el final de la segunda guerra mundial cuando consigue vender y exponer sus primeras obras. Conmocionado y fascinado al mismo tiempo por el horror del conflicto, Bacon traza en sus primeros “Estudios de figuras” el eje de su técnica y temática, escandalizando a una sociedad y a un mundo que probablemente había traspasado un umbral de angustia al que nunca deseó y pensó llegar. Es desde aquí desde donde el irlandés inicia su particular via crucis, donde el ateo persiste en el empeño de interpretar la iconografia de la crucifixión mezclando en una coctelera despiadada cristianismo, nazismo y mutilación, donde el hombre persigue un amor que sólo le concederá tormento y vacío; en este punto, la serie de retratos de su trágicamente desaparecido amante y compañero George Dyer, literalmente licuándose y perdiéndose en la obra tal y como Bacón probablemente sentía perderlo dentro de él, dan buena cuenta de ello. Desde el trazo casi cincelado, donde las masas de pintura dibujan tendones, cartílagos y huesos al aire, Bacón, a la manera de un Rothko atormentado, deja de lado las construcciónes geometricas donde encarcelaba a sus figuras -barrotes de luz, prismas, paralelogramos- para ubicarlos en masas de color plano que transmiten una angustiosa y descorazonadora inmaterialidad. Aquí, el descreído ateo transmite, a la manera del universal protagonista de la obra capital de Munch, un grito certero y despiadado: no hay nada después de la muerte, y la muerte nos rodea, acecha y acaba asaltando.

La fascinación por la anormalidad, Bacon interpreta a Muybridge

La fascinación por la anormalidad: Bacon interpreta a Muybridge

Cuesta, analizando la figura de Bacon, observándole en las entrevistas que concedió, descubrir al hombre tortuoso y en perpetua agonía que su obra revela. Se le ve relajado, atento y en ocasiones agudo en la réplica; se percibe también la concentrada dedicación del artista ambicioso y consciente del efecto que su obra produce. Se sabe que su sexualidad resultó tormentosa y tremendamente insatisfactoria y que su concepción de la existencia era implacable y nada halagüeña; a poco que nos esforcemos, sentimos en la obra de Bacon la punzante necesidad de transmitir una idea del mundo sencillamente intolerable; aquí resulta divertido citar el comentario de Margaret Thatcher cuando le preguntaban por Bacon: “asquerosos trozos de carne”, respondía horrorizada. No podía imaginar lo cerca que caminaba en forma y fondo nuestra protagonista a la imaginería del irlandés.

El grito, mudo y ensordecedor al mismo tiempo, referencia e influencia.

El grito, mudo y ensordecedor al mismo tiempo, referencia e influencia.

Relevante en la metodología Baconiana -e interesante para este blog- es el modo en que el artista ya no sólo se sentía influenciado por la fotografía y el cine, sino el modo en que Bacon los asimilaba en su proceso creativo: Bacon fotografiaba a sus modelos y luego los representaba tomando la imagen captada como referente; mas allá de las evidentes -y no tan evidentes- lecturas que el hecho concede, aquel “modo de trabajar”, entonces innovador y muy criticado, se puede interpretar hoy como el prólogo de una “concepción del arte total”, donde la facilidad de acceso a la información que concede el mundo globalizado hace que las maneras de crear, antes exclusivas de cada medio, ahora colisionen violentamente y hagan emerger un arte para unos contaminado y para otros enriquecido. Desde aquellas series de Muybridge que acompañaron a Bacon a lo largo de toda su vida artística, pasando por las imágenes de acontecimientos deportivos, taurinos o registros criminales y forenses, en la obra del irlandés encontramos un “realismo”, descarnado y antirepresentativo al mismo tiempo, que provoca nausea y admiración, nausea por la evidencia de la irracionalidad de algunos estados del hombre y la inelegancia de la carnalidad, y admiración por el talento y el valor sin mácula de un artista que creaba desde un espacio y un tiempo sin límites, desde una libertad en su caso aterradora.

El día 19 de Abril cierra sus puertas uno de los acontecimientos culturales mas importantes de los últimos años en Madrid. Por más que se lea sobre Bacon, creo necesario sumergirse a pleno pulmón en la obra de un autor que, desgraciadamente para todos, transmitió fielmente la esencia del tiempo que le tocó vivir.

Francis Bacon

Francis Bacon

Enviar artículo :- Digg + Del.icio.us + Google Bookmarks + Technorati + Meneame

Tags: , , ,

Esta entrada fué posteada el Domingo, 12 Abril 2009 a las 20:34 y está almacenada en Arte. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

Una respuesta a “Francis Bacon, el arte del horror del siglo XX”

Elphaba 15 Abril 2009 a las 11:41

Confieso que es un artista de que apenas sabía nada, así que gracias por acercarnos un poco más :)
Hay que ver lo que se parecía Derek Jacobi a este hombre. Calcadito en el biopic “El amor es el demonio”.

Dejar una respuesta