Suspense, inocentes en duda.

El terror, inherente a la condición humana, ha condicionado a la cultura y al modo de narrar desde su inicio. Ya en el mito de la caverna la realidad se mostraba como una suma de sombras, y toda sombra puede interpretarse como cobijo pero también como amenaza. Cinematográficamente hablando, gran parte de la responsabilidad en el pretendido resurgimiento del cine español la ostenta la batería de películas de terror que se han producido en los últimos años, comandadas por el leridano Balagueró y con bombazos de taquilla como los de Los otros de Amenábar o El orfanato de Bayona.

El trabajo perfecto

El trabajo perfecto

No es descabellado citar estas dos películas al hablar de Suspense (The Innocents – Jack Clayton, 1961), ya que guardan tantas similitudes que resulta casi ofensivo hablar de “influencias” en ambas con respecto a la película de Clayton, director británico de corta e irregular trayectoria que alcanzó con esta película no sólo su hito artístico, sino también la cumbre cinemátográfica, y no sólo de su género. El original de Henry James es trasladado a imágenes con una fidelidad asombrosa, enriqueciéndolo si cabe con una realización descomunal, precisa en detalles y certera en la creación de una atmósfera y su encaje en un lugar -la mansión- que adquiere vida propia en una espiral frenética de lujuria en la que la institutriz, maravillosamente interpretada por una Deborah Kerr en estado de gracia, se entrega hasta el paroxismo mas absoluto.

La castidad como fuente de salvación

La castidad como fuente de salvación

El punto de partida nos es conocido: Miss Giddens (Deborah Kerr) es una institutriz con profundas convicciones religiosas que es contratada para cuidar en una mansión de la campiña inglesa a Flora y Miles, dos huérfanos a cargo de un tío poco afectuoso y despegado de ellos. A medida que la mujer se va haciendo cargo de los niños, comienza a percibir la presencia de algo que amenaza a los pequeños, y es entonces cuando Miss Giddens es advertida del extraño comportamiento y el trágico final tanto de la anterior institutriz como el del guardian de la finca, Quint, un personaje mefistofélico cuya malsana influencia desata la tragedia una y otra vez. La historia, banal en manos de un autor torpe, adquiere en manos de Henry James -el autor original-, Truman Capote -el adaptador- y Clayton un tono perverso, en el que asistimos a una toma de conciencia del peligro por parte de Miss Giddens completamente subjetiva. Es dentro de ella donde las presencias cobran fuerza y adquieren corporeidad, y es tal la ambigüedad con la que Clayton juega sus cartas, que no podemos llegar a determinar si las presencias son reales, imaginadas, o, en el caso de los niños, inducidas por la convicción de una mujer que progresivamente se acerca a la locura.

El hombre -y el sexo- como amenazas

El hombre -y el sexo- como amenazas

La adaptación, fiel en fondo y forma a la obra y al universo de James (quien no se haya acercado a este autor, que se inicie con su relato “El banco de la desolación” antes de pasar a “La vuelta de la tuerca”), consigue transformar la pureza y castidad de Miss Giddens en lujuria y deseo; es sólo en el momento en el que la institutriz encuentra la foto de Quint cuando la posesión cobra vida y cuando la amenaza se materializa, es en ese momento cuando la mansión, como extensión de ella misma, empieza a sudar y a gemir y es ahí cuando desde detrás de los vidrios condensados de una casa que ya late y asusta como un personaje mas, se nos aparece acechante el fantasma del guardián. Hasta entonces, Clayton, que inteligentemente salpica con leves apuntes la amenaza para mantenernos en vilo, no destapa el tarro del miedo, pero cuando accede a mostrarnos a Quint se entrega a un brillante tour de force con el final mas cruel posible. No hay salvación para Miss Giddens, que, creyendo luchar para salvar el alma de los niños -excelente el modo en que Clayton inicia la película y la convierte en un completo flashback-, lucha por salvarse ella misma de una concupiscencia que rechaza y anhela a partes iguales.

Se requiere un exorcismo

Se requiere un exorcismo

No podemos terminar sin volver a descubrirnos ante la descomunal interpretación que de la institutriz Miss Giddens lleva a cabo la gran Deborah Kerr, actriz de corte clásico con una carrera consolidada y brillante que, entrando en la cuarentena, decide asumir el desafío de Clayton, trasladarse a Inglaterra -si bien es cierto que la Kerr fue una mujer de mundo- y construir una de las transiciones desde la serenidad a la locura mas escalofriantes de la historia del cine. Bravo por su valentía y enhorabuena a Nicole Kidman y a Belen Rueda por plagiar tan descaradamente una interpretación.

A quien no haya leído a James o no haya visto la película de Clayton, ya tiene deberes para estas vacaciones.

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Esta entrada fué posteada el Lunes, 3 Agosto 2009 a las 13:15 y está almacenada en Cine. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada en el RSS 2.0 feed. Puedes dejar una respuesta, o hacer un trackback desde tu propio sitio.

4 respuestas a “Suspense, inocentes en duda.”

Sergio Arán 3 Agosto 2009 a las 21:53

En cuanto pueda, cae. Seguro.
La he visto, la he visto, pero la tengo demasiado lejana.
Es triste que El Orfanato y Los Otros sean las películas bandera del cine de terror español. Sin duda, me quedo con cualquiera de Balagueró o con, por ejemplo, Los abandonados, de Nacho Cerdá.

admin 3 Agosto 2009 a las 22:09

Lo que tienes que hacer sin mas demora es raptar a tu señora, encasquetar a los peques con los suegros e iros a ver Drag me to hell.

Como vas a disfrutar, perro ;-)

Esta noche, por cierto, cae “La puerta del cielo” en DVD, pelicula que aún no he visto. Imagina la expectación.

Elphaba 4 Agosto 2009 a las 20:48

Hombre, dichosos los ojos que te leen ^^. Me apunto la recomendación que tiene todas las papeletas para que me encante. Ya quisiera la Rueda acercarse a esta señora, no es por nada.
Y corroboro lo de disfrutar como un enano la de Drag me to hell.

LilVia (Jordi) 5 Agosto 2009 a las 9:28

Bon dia!!! Leí el libro de James y vi la peli. Genial. Todo esto después de ver Los Otros… Así que obviamente te doy la razón.
Un abrazo y gracias por una entrada tan interesante.

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